Andreu González: “La novela es como un castillo de arena, más frágil cuanto más compleja”

Foto: Carles Porta

Redacción TdL.- Aún no ha cumplido los 40, pero Andreu González Castro (L’Hospitalet de Llobregat, 1974) ya puede presumir de un currículum envidiable como escritor. Ha ganado decenas de premios literarios de relato corto y poesía, y ha publicado con éxito diversos ensayos de divulgación, como 100 moments estel·lars del Barça. A pocas horas para la diada de Sant Jordi, González se presenta con su primera novela bajo el brazo: Bon cop de falç (ed. Columna), que novela la famosa ‘guerra dels segadors’ y que ha escrito con Ramon Gasch. Por el momento ya ha logrado el premio Nèstor Luján de Novela Histórica y avanza con paso seguro hacia la tercera reimpresión. En esta entrevista, Andreu González nos habla de su novela, pero también de su día a día como escritor.

Sabemos que es una pregunta tópica, pero como revista dirigida a escritores te lo preguntamos: ¿cómo se trabaja una novela histórica a cuatro manos?

A veces digo, medio en broma, que esto de los libros a cuatro manos tiene sobre todo una gracia: que trabajas la mitad. En realidad, la principal ventaja es que, como suele decirse, lo que uno no piensa al otro se le ocurre. Lo cierto es que trabajamos un poco anárquicamente, repartiéndonos el trabajo de forma más o menos equitativa. El resultado, según nos han dicho editores y lectores, es armónico, es decir, que no parece obra de dos autores. Ese era el reto y espero que el logro.

Has explicado algunas veces que no eres un especialista en historia, sino un novelista que se sumerge en la historia. ¿Qué dificultades te ha supuesto esa ‘inmersión’?

Siempre repito que en una novela histórica lo sustantivo es la novela. Que funcione como novela, vaya. Hay considerables tochos muy bien ambientados pero nada legibles. Eso era lo último que pretendíamos. Cuando el lector va por la página 1, queremos que pase a la 2. Y así sucesivamente. Quien quiere saber historia, se compra un manual, no una novela. La inmersión en la Catalunya del XVII me ha supuesto tener que leer bastantes artículos de historia, porque mi ignorancia sobre el particular era supina. Y a menudo estas obras no eran tan amenas como una novela, qué duda cabe.

Escogiste para tu novela un capítulo muy concreto de la historia de Catalunya: la famosa ‘guerra dels segadors’. ¿Por qué?

La idea fue de Ramon y tuvo una motivación doble. Por un lado, por su vinculación geográfica con diversos escenarios de esta guerra de Separación o Patriótica (el castillo de Fluvià está cerca de su Santa Maria de Palautordera natal; además, Ramon tiene una casa en Cambrils). Por otro lado, constatamos que era un período muy poco ficcionado, casi virgen. Aparte de Corpus de sang, de Assumpció Cantalozella, no hay novelas recientes que aborden esta guerra. Una vez metido en harina, me di cuenta de que era un periodo que daba mucho de sí: bandolerismo, brujería, Inquisición, guerra, peste… He firmado muchas dedicatorias utilizando las palabras “convulsa y apasionante” para referirme a esta época.

Precisamente por lo controvertido del tema, existía el riesgo de hacer una novela maniqueísta, de ‘buenos y malos’. ¿Cómo habéis afrontado este punto?

En honor a la verdad he de decir que el antagonista nos ha salido muy malo, quizás demasiado. Pero lo que es seguro es que el protagonista tiene más profundidad psicológica: evoluciona desde el odio y el ansia ciega de venganza hacia una manera de obrar más serena. Incluso padece una crisis de fe que lo lleva a intentar expiar sus pecados ayudando a los afectados por la peste. Por otro lado, los franceses, aliados de los catalanes durante la guerra contra la Monarquía hispánica, también abusan del territorio catalán. Como dijo en una presentación reciente Agustí Alcoberro, director del Museu d’Història de Catalunya, los ejércitos los componían lo mejor de cada casa.

Contrariamente a lo que muchos creen, la Guerra dels Segadors no tiene nada que ver con el asedio a Barcelona en 1714, o en todo caso son hechos alejados en el tiempo. ¿Os habéis encontrado vosotros mismos con sorpresas desconocidas al afrontar la documentación para la novela?

En mi caso, reitero que no conocía casi nada sobre esa guerra. Pero tampoco gran cosa sobre la posterior, de manera que no las podía confundir. El quid de la novela histórica consiste en vivificar episodios que yacen olvidados en los archivos. Y el reto es alcanzar aquello del delectare et prodesse que decía el clásico. De la lectura entretenida de una novela de este tipo se tiene que salir habiendo aprendido algo de historia, pero consciente de que puede haber mixtificación, licencias literarias de los autores.

Ya sabes lo que suele decirse sobre las películas de romanos en las que aparece algún extra con un reloj en la muñeca… ¿Es fácil que se cuelen ‘romanos con reloj’ en una novela histórica como la vuestra?

Sin duda. Nosotros nos dimos cuenta a medio viaje de que los puntos cardinales no podían ser norte, sur, este, oeste, ya que estos términos se adoptaron con posterioridad al siglo XVII (concretamente en 1803). También tuvimos que cambiar palabras como guerrilla, que no eran de la época, y andar con ojo con las medidas (el sistema métrico decimal no existía, vaya).

El protagonista de la novela, Joan de can Martí, no es precisamente un protagonista al uso: es cierto que es una persona noble, con principios, pero también tiene un lado oscuro, es víctima de sus propias pasiones y convicciones. ¿Es cierto eso de que los personajes acaban cobrando vida propia a medida que avanza el proceso creativo?

Quizás en este caso yo no diría que se nos fue de las manos. Lo que sí intentamos es que fuera un personaje con quien no resultara sencillo identificarse, ya que en ocasiones obra con violencia gratuita. Como decía antes, los malos son muy malos, pero los buenos no lo son tanto. También dimos un giro copernicano a la trama en el último tercio del libro, en que la guerra queda casi olvidada y nos centramos en otros puntos de interés.

Habéis optado por cambiar el punto de vista narrativo: a veces es Joan quien explica en primera persona el relato, y otras veces es un narrador omnisciente quien cuenta la historia en tercera persona. ¿A qué responden esas técnicas?

El siglo XVII es rico en dietarios. Uno de ellos nos sirvió en parte para hablar de la peste: el del curtidor Miquel Parets, que perdió varios miembros de su familia por culpa del morbo. Nosotros utilizamos un dietario en primera persona para situar algún punto de la acción y luego pasamos a la narración omnisciente en tercera persona. ¿Por qué? Entre otras cosas, porque así no nos vemos obligados a remedar un catalán del siglo XVII, objetivo del que no hubiéramos salido bien parados. Tampoco queríamos escribir una novela demasiado experimental.

Vuestra novela ha ganado el Premio Nèstor Luján de Novela Histórica y está siendo un éxito de ventas. ¿Esperabas este éxito?

A decir verdad, lo deseaba, pero no lo esperaba. Me vienen a la mente aquellos versos de Samaniego musicados por Paco Ibáñez: “No seas ambiciosa / de mejor o más próspera fortuna / que vivirás ansiosa / sin que pueda saciarte cosa alguna”. Dicho esto, quiero remarcar que cuesta aceptar el éxito, porque estamos más entrenados para encajar los fracasos, que son continuos en casi todas las obras que emprendemos los humanos.

Además de esta novela, has publicado ensayos distendidos sobre fútbol, has ganado decenas de premios de poesía y te has prodigado también en el relato corto. ¿Cuál es el auténtico Andreu González- escritor? ¿Con cuál de estás facetas te encuentras más a gusto?

Me imagino que el verdadero Andreu es la suma de todas estas facetas. Confieso que me siento más cómodo en las distancias cortas (relatos o artículos), porque me parecen que es como soplar una botella: salen bien de entrada o la desechas y la tiras al vidrio ardiente. La novela, solo por sus dimensiones, presenta más dificultades, de la cual no es la menor el hecho de tener que mantener vivo el interés del lector a lo largo de muchas páginas. A veces me la imagino como un castillo de arena, más frágil cuanto más compleja. En cuanto a la poesía, estamos viviendo un cese temporal de la convivencia.

Ya que esta entrevista se publica en vísperas de Sant Jordi, dinos: ¿qué expectativas tienes para esta ‘fiesta del libro’?

Se acaba de publicar la tercera reimpresión de la novela y el éxito sonado sería que se acabara nuevamente, que la gente fuera a las librerías y que no encontrara el libro. Esa es la expectativa. Ahora es el lector quien tiene la palabra.

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