Cuéntame un (buen) cuento

"Lo fantástico en el cuento se crea con la alteración momentánea de lo normal", decía Cortázar

Por Inma Santos

El cuento es, según la RAE, “el relato, generalmente indiscreto, de un suceso”. Una definición breve, sencilla y concisa que se convierte a menudo en una trampa para cualquier escritor novel. ¿Cuántos, dejándose llevar por una falsa creencia de su aparente sencillez, han fracasado en el intento de escribir un cuento? No se dejen engañar, ya lo dijo en su día Roberto Bolaño (Consejos sobre el arte de escribir cuentos): “Un cuentista debe ser valiente. Es triste reconocerlo, pero es así”. Sabias palabras de escritor cuentista que conviene no olvidar.

El cuento es un género muy antiguo, que ha conseguido perdurar a través de los siglos con el favor del público: oyentes y lectores, pequeños y mayores, y de cualquier nacionalidad, etnia, raza o color. Pero en contra de lo que podría pensarse, escribir cuentos es un arte reservado a unos pocos privilegiados. Julio Cortázar (Algunos aspectos del cuento) decía: “el cuento es una síntesis viviente a la vez que una vida sintetizada, algo así como un temblor de agua dentro de un cristal, una fugacidad en una permanencia”. Así pues, desengañémonos, nadie que no tenga vocación de cuentista puede llegar a escribir buenos cuentos.

Pero que nadie se desanime. Otra cosa es que esa vocación deba ir acompañada del aprendizaje de una técnica y de una pràctica, de la constancia y la perseverancia. “Nadie puede pretender que los cuentos sólo deban escribirse luego de conocer sus leyes… no hay tales leyes; a lo sumo cabe hablar de puntos de vista, de ciertas constantes que dan una estructura a ese género tan poco encasillable”, matizaba entre sus consejos el maestro Cortázar.

Intensidad y tensión

Así, entre esas “constantes”, destaca el saber discernir dónde hay un tema para un cuento. Y una vez resuelto esto, conseguir que el lector, independientemente de que la tenga o no, perciba la importancia de ese tema como indudable y convincente. Porque, si el suceso que entraña el cuento carece de esa esa importancia, lo que se escribe se convierte en un cuadro, una escena, una postal, pero no en un cuento. Un buen cuento nace, según Cernuda, de la significación, intensidad y tensión con que es escrito.

¿Cómo hacerlo? “Cuenta como si el relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida en el cuento”, recomienda Horacio Quiroga (Del cuento breve y sus alrededores). Una apreciación a la que Cortázar añade algunos consejos más: que el cuento debe tener vida más allá de su creador, que el narrador no debe dejar a los personajes al margen de la narración y que lo fantástico en el cuento se crea con la alteración momentánea de lo normal, no con el uso excesivo de lo fantástico.

Principio y final

Y por supuesto, tan importante es el contenido como la forma. Así, todo cuento que se precie debe tener un buen principio y un buen final. “Había una vez” o “érase una vez”, era antiguamente la fórmula màgica para empezar un cuento y pronunciarla equivalía a despertar inmediatamente el interés del que escuchaba o leía. Pues bien,hoy en día, un buen escritor de cuentos debe saber encontrar un principio capaz de sustituir esa fórmula convencional y captar la atención de su lector. Y una vez atrapado, mantener su interés y conducirlo hasta el final. Un final que, en contra de lo que muchos suelen pensar, no tiene por qué ser sorprendente. Es más, un final sorprendente metido con calzador puede echar a perder lo que podría haber sido un buen cuento.

¿Quién dijo que escribir un cuento fuera fácil? Decíamos más arriba que según Bolaño, el cuentista debe ser valiente. Valiente para inventar, pero también para afrontar la escritura. “Nunca abordes los cuentos de uno en uno, honestamente, uno puede estar escribiendo el mismo cuento hasta el día de su muerte” –recomienda Bolaño—“Lo mejor es escribir los cuentos de tres en tres, o de cinco en cinco. Si te ves con energía suficiente, escríbelos de nueve en nueve o de quince en quince”.

Y por supuesto, que no se olvide el aprendiz de tan importante es saber escribir como escoger lo que se lee. “Hay que leer a Quiroga, hay que leer a Felisberto Hernández y hay que leer a Borges. Hay que leer a Rulfo, a Monterroso, a García Márquez. Un cuentista que tenga un poco de aprecio por su obra no leerá jamás a Cela ni a Umbral. Sí que leerá a Cortázar y a Bioy Casares, pero en modo alguno a Cela y a Umbral”. O eso decía Bolaño.

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