Maud Lethellieux: “Vivir en la calle me marcó como escritora”

Por Aureli Vázquez

No siempre tenemos la oportunidad de entrevistar a autores que han vivido experiencias intensas. La de Maud Lethellieux, desde luego, lo es: vivió dos años en la calle durante su adolescencia. Dos años en los que hubo de soportar el frío, las amenazas, el hambre y las enfermedades. Fue un periodo duro para ella, pero también fue una escuela. Desde donde estoy veo la luna (Grijalbo) es su segunda novela, y en ella refleja buena parte de sus vivencias en esa etapa. La protagonista, una joven llamada Moon, se evade de la realidad inventando historias. Un día, esa joven valiente y curtida deberá luchar contra las editoriales…

Has escogido para tu novela un punto de vista poco habitual: el de una vagabunda. ¿Qué te llevó a decidirte por este enfoque?

Yo misma viví en la calle cuando tenía diecisiete años. Es una experiencia que me marcó mucho; no sólo negativamente, también tuvo aspectos positivos. En mis novelas suelo poner cosas que conozco de primera mano. Por ejemplo, en mi primera novela reflejé algunas cosas de mi infancia. En esta novela he reflejado un periodo de mi adolescencia que duró unos dos años, los que viví en la calle. Por otra parte, encontraba interesante reflejar el punto de vista de la persona sin techo, porque aparecen en las novelas desde el punto de vista de los que pasan por la calle, tristes, como víctimas. No es que esta visión sea falsa del todo, pero hay otros aspectos que quería reflejar.

Los servicios sociales parecen el máximo enemigo de Moon, la protagonista…

Algunas personas tienen esta reacción. No todas, no se puede generalizar. Porque Moon es una chica joven, está sana, cree haber tomado una decisión, tiene mucho carácter, y tanto ella como las personas que realmente están en esa situación pueden sentir que los servicios sociales suponen una intromisión. No todas, claro, pero sí una parte de los que viven en la calle.

En tu novela el éxito es un elemento clave. Y, curiosamente, lo que para muchos escritores es alcanzar el éxito –publicar–, para Moon no parece especialmente importante.

Moon se ve enfrentada a la necesidad de integrarse en un mundo que desconoce, que es el de las editoriales. No sabe nada sobre este mundo ni sobre libros, porque ella escribe de una forma muy instintiva. El hecho de que no tenga elementos de juicio la lleva a no aceptar algunas cosas que un autor novel con ganas de publicar probablemente sí aceptaría.

Para Moon, publicar no es el sueño de su vida y esto ha servido para escribir de forma un poco provocativa sobre las editoriales, con esa distancia que tiene Moon. Incluso hace algunas reflexiones sobre la historia de Fred y la niña, que para ella son personajes reales que la rodean, y llega a decir que no se puede escribir por dinero. Todo este encuentro de Moon con el mundo editorial refleja las experiencias que tuvo al publicar su primera novela.

desde donde estoy veo la lunaSorprende que Moon sea tan valiente para soportar el frío y los peligros de vivir en la calle, y en cambio tema una llamada telefónica de una editorial.

Para Moon, tener un teléfono móvil en el bolsillo es algo alucinante. Le parece que tiene algo muy valioso. Algo que para nosotros es muy complicado para otra persona puede ser muy sencillo y viceversa.

París se presenta en la novela como un monstruo peligroso que lo engulle todo, y a la vez algo importante…

Es el punto de vista de la protagonista. Moon se ha construido unas referencias con lo que ella conoce: la florista, las calles cercanas… Ir a París para ella es algo enorme, con todo el ruido, y con muchas cosas desconocidas. Y luego es cierto que vivir en la calle en París sí es monstruoso, no es como vivir donde vive ella.

Para ser escritora, has sido muy crítica con los escritores en esta novela. Por ejemplo: “los escritores son gente que habla mucho y cuando han hartado a todo su entorno necesitan publicar”.

Moon no sabe nada de los escritores, y Slam en realidad tampoco. Moon hace una serie de reflexiones un poco pasadas de vuelta; no es que sea falso, al menos en cuanto a algunos escritores franceses, que no son la mayoría ni mucho menos.

Hay un momento crucial, y algo mitificado, en la vida de un escritor que es cuando reciben la llamada para notificarles que van a ser publicados. En tu novela, ese momento es también un eje central.

Como decía, Moon tiene una parte real de mis experiencias. Cuando yo llevé mis manuscritos a Correos me dijeron que ya estaban cerrados los envíos y que no saldrían hasta el día siguiente. Pasó un día y, por la tarde, recibí una llamada de un editor. Pensé que sería un amigo gastándome una broma, así que iba balbuceando: “sí, sí…”, pero sin comprometerme ni mojarme por si acaso. Comprendí que no era una broma cuando el editor me dijo que le iba a pasar el manuscrito a una persona de su equipo. Entendí que iba en serio, y pensé que tendría que ir a París. Pero es que tengo claustrofobia, así que para mí coger el tren era un grave problema.

Quería mostrar también la diferencia que hay entre mi experiencia y la de muchos escritores que a lo mejor llevan años escribiendo y por fin les llaman para publicarles. En mi caso, acababa de enviar la novela y enseguida recibí la llamada, como le pasa a Moon. En vez de una alegría, casi fue motivo de estrés, se me caía el mundo encima. Por eso creo que el éxito muchas veces no es lo que uno imagina. Si el éxito supone que te llamen mucho, por ejemplo para hacerte muchas entrevistas, es posible que sea un sufrimiento tremendo.

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