Pérez-Reverte, Vargas Llosa y Javier Marías: ¿quién de los tres escribe a mano?

Una charla publicada por la revista XL Semanal desvela algunas de las costumbres de los tres escritores

Ya sea por edad, por currículum o por nostalgia, no acaba de sorprender que el laureado Vargas Llosa confiese que sigue escribiendo a mano. Da igual que sea un artículo para prensa o una novela en ciernes: el veterano Nobel –que acaba de cumplir 81 años– sigue llenando cuartillas por la mañana y, por la tarde, las pasa a ordenador. Lo de Vargas llosa es sólo uno de  los muchos detalles que el mencionado trío dejan ir en una charla publicada hoy por la revista XL Semanal.

portada xl semanalPara los que disfrutan cotilleando en los hábitos de escritor puertas adentro, el coloquio ofrece detalles suculentos. Por ejemplo, que Javier Marías escribe a máquina, trabaja por las tardes y se acuesta a las cuatro de la madrugada; que el propio Vargas Llosa duerme cinco horas y se ejercita a diario una hora en el gimnasio, o que Pérez-Reverte escribe seis horas por jornada, llueva o luzca el sol.

La conversación se detiene también en otras costumbres y manías personales, como la de Marías de no releer nada de lo escrito hasta haber acabado la novela. Pérez-Reverte, por su parte, asegura leer a Conrad cuando necesita energía y no tiene muchas ganas de trabajar. Y Vargas Llosa confiesa una secreta devoción por la minuciosa descripción de Flaubert sobre el suicidio de Madame Bovary.

Pérez-Reverte se muestra partidario de releer a los grandes autores, ya que “tu corazón y tu cabeza han cambiado y el libro es nuevo”

Pero en la charla hay también consideraciones y reflexiones que van más allá de lo anecdótico. Pérez-Reverte se muestra partidario de releer a los grandes autores, ya que “tu corazón y tu cabeza han cambiado y el libro es nuevo”. El creador de Alastriste admite que el cine le facilita mucho el trabajo, “porque apelas a la memoria audiovisual del lector” y se declara fiel seguidor de los secundarios de John Ford. Marías, en cambio, cita a Hitchcock y sus trucos como referente creativo.

Vargas Llosa vuelve al autor de Madame Bovary para expresar su ansia de perfección: “Es Flaubert puro: cortar, corregir, cortar; no ser complaciente con uno mismo respecto a las palabras. Hay que meter el hacha”.

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