Viaje literario a la cuna del poeta Marcial

Ruta por algunos puntos emblemáticos de la poesía bilbilitana

Estatua 'Leyendo a los poetas', de Luis Moreno, en el Paseo de las Cortes de Aragón de Calatayud

A. Vázquez

Poco, muy poco, se escribe sobre poesía, el género pobre de la literatura; la gran olvidada. ¿Cuántos poetas alcanzan la fama más allá de los círculos de eruditos? ¿Cuántos poetas son reconocidos por la gente cuando caminan por la calle? Ninguno, claro. Por eso es interesante que una ciudad como Calatayud, cuna del gran Marco Valerio Marcial, haya tenido el detalle de dedicarle una plaza y grabar algunos de sus versos en un monumento. O mejor aún: que haya dedicado una calle a varios de sus poetas insignes, como Pedro Montón –fallecido en 1992- o José Verón.

Oficialmente o no, Calatayud esconde multitud de rincones profundamente marcados por la poesía. Taller de letras los ha ido a buscar y, con este atípico viaje literario, rinde su particular homenaje a aquellos que -lejos de la fama- se esforzaron por hallar la palabra exacta.

Empezamos nuestra ruta en el epicentro de la poesía bilbilitana: la plaza Marcial. Es una pequeña plaza situada a pocos metros de la avenida Augusta Bílbilis. A priori, nada –salvo el propio nombre de la plaza- hace pensar que aquí se rinde tributo a uno de los grandes poetas de la Historia de la Literatura. Pero entonces nos fijamos en una placa, datada en 1988, que dice: “El Ateneo de Zaragoza al universal Marco Valerio Marcial”.

Un fragmento de los Epigramas de Marcial en la plaza que lleva su nombre
Un fragmento de los Epigramas de Marcial en la plaza que lleva su nombre

En realidad, hay más pistas, pero –como la poesía misma- están reservadas para los que paran a observar. Un jardín de pequeñas dimensiones nos invita a leer unas líneas sobre el ribete de acero que lo rodea. Pronto compramos que es un fragmento de uno de los Epigramas de Marcial, y no uno cualquiera. Dice así:

“Podrás ver, Liciniano, la encumbrada Bílbilis, por sus caballos y armas famosa, y al anciano Cayo con sus nieves y el sagrado Vadaverón con sus escarpados montes; y el ameno bosque del delicado Boterdo que la feraz Pomona ama. Y podrás nadar en las tibias aguas del plácido Congedo y en los tranquilos lagos de las Ninfas y luego fortificar tus relajados miembros en el breve Jalón, que yela el hierro”.

Reconfortados tras haber hallado nuestra primera huella poética, seguimos ahora en dirección a la Colegiata de Santa María. No, no es en este templo –patrimonio de la Humanidad desde 2001- donde buscaremos nuestro próximo fantasma poético, sino en una de las calles cercanas. Nos referimos a la calle Obispo Arrúe. Aquí se encontraba la antigua imprenta de Justo Navarro, conocida por la edición del diario El Regional, y muy concurrida por poetas bilbilitanos que la escogían para imprimir sus poemarios. Es el caso de José María Muñoz Callejero (1908-1989) y Ángel Raimundo Sierra (1909-1992). Este último, de hecho, trabajó desde los diez años en la imprenta. Hoy ya no queda nada de ella: sólo una sucesión de ruinas y solares.

Calle Obispo Arrúe, donde se encontraba la imprenta Navarro
Calle Obispo Arrúe, donde se encontraba la imprenta Navarro

Nuestro próximo destino es el Paseo de las Cortes de Aragón, justo a la altura de la plaza del Justicia. Allí encontramos uno de los más felices homenajes que una ciudad puede hacer a sus autores: una estatua que convive con el día a día de la gente. Se trata de una figura de bronce, obra de Luis Moreno Cutande, que muestra a un hombre de edad avanzada acariciando con la mano izquierda a un perro, mientras con la derecha sostiene un libro de poetas bilbilitanos. El monumento lleva por nombre Leyendo a los poetas, y en el libro que sostiene pueden leerse los nombres de varios de ellos: Marcial, José María Muñoz Callejero, José Muñoz Romaní, Pedro Montón, Ángel Raimundo Sierra, Pedro Montón Puerto, José Verón Gormaz y Palmira Martínez García.

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Seguimos bajando hacia el río Jalón, donde se encuentra la calle dedicada al ya citado Pedro Montón. Es una calle humilde, tranquila, en una zona residencial. Tal vez sea exactamente eso lo que le corresponde a un poeta.

Sin duda, son muchos los nombres que quedarán en el tintero. Resulta difícil hacer una lista exhaustiva, y más aún incluirla en este modesto viaje poético por las calles de la vieja Bílbilis. Es el caso de José Muñoz Román, nacido en Calatayud en 1903, o de Antonio Serón, poeta bilbilitano del siglo XVI cuya biografía bien merecería un artículo aparte…

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